El negocio detrás de las peleas de peces betta en República Dominicana; las apuestas pueden ir desde 500 pesos hasta casas, vehículos y terrenos (video
Peleas de bettas: una práctica sin regulación que genera violencia en RD

En patios, solares y vallas improvisadas, una práctica cruel se ha normalizado: las peleas de peces betta. Lo que muchos describen como “hobby” es en realidad un negocio informal de apuestas, crianza genética selectiva y violencia. Y lo más alarmante: niños están participando y apostando.
¿Es tradición? ¿Es deporte? ¿O simplemente otra muestra de cómo hemos normalizado la crueldad? N Investiga explica que el pez betta, conocido como pez de pelea siamés, es originario de Tailandia, donde su combate forma parte de una tradición histórica milenaria. Allí, las peleas se realizan bajo supervisión y regulación estatal, con licencias oficiales y estrictos controles.
El Gobierno de ese país asiático permitió reabrir los recintos de peleas y carreras con apuestas reguladas tras la pandemia. La Ley Nacional de Bienestar Animal de 2014 reconoce la protección de los animales, pero también admite las luchas consideradas tradicionales, siempre bajo control local.
La influencia de esta práctica se extiende por todo el Sudeste asiático, donde nació el pez betta: Tailandia, Camboya, Laos, Vietnam y Malasia son grandes criadores y exportadores. En Filipinas e Indonesia también existen comunidades que los crían “para exhibición o combate”, aunque sin un marco legal uniforme. Fuera de esa región, las peleas de bettas son ilegales y sobreviven de forma clandestina o disfrazadas como exhibiciones.
En República Dominicana, no existe regulación: no hay controles, no hay fiscalización, y las peleas ocurren libremente en patios, callejones y solares, lejos de cualquier registro oficial… aunque todo el mundo sabe dónde están.
“En tiempos atrás utilizaban, era lo lagunero aquí en República Dominicana; después llegaron lo que son pitbull, y los placas eso ya lo utilizan, como se podría decir, en el bajo mundo y lo utilizan también en cualquier parte del país ya lo solo utilizan para pelea”, dice Francisco Javier Lora, criador de peces betta.
Peleas, apuestas y negocios
En el mundo de los bettas de pelea hay dos categorías: los peces criados para ser admirados, y los que son criados para morir. A estos últimos les llaman placas, pitbulls o androides; son líneas genéticas seleccionadas para soportar desgarros, mutilaciones y desangramientos prolongados.
En su estado natural, los bettas pelean poco y el perdedor huye. En estas variantes criadas para pelear, no hay escape.
“El pez betta es territorial, en un estanque; como les estaba mostrando los estanques, allí siempre hay un alfa, es el alfa del que controla el estanque, si hay uno que se revela pueden llegar a matarse, se sacan los ojos, la tripa se la sacan normalmente”, explica Lora.
Pero lo que comenzó como un simple pasatiempo, se convirtió en negocio. Las peleas de bettas funcionan como una versión en miniatura de las galleras: hay jueces, árbitros y dinero en juego.
Las apuestas pueden ir desde 500 pesos hasta casas, vehículos y terrenos. Y en ese escenario, muchos caen en el círculo del vicio, la deuda y la pérdida total. Y se producen conflictos y violencia.
“Yo me la cojo de hobby porque hay muchos de niños que juegan diferentes juegos, pero lo único que me he quedado ha sido con eso, y me lo cogí como hobby para mí, aunque alguna vez también, cuando no tengo dinero para comprar algo, vendo un betta o echo una pelea y así llevo algo a la casa también”, dice Miguel Romero Rojas, apostador de estas peleas.
Pero este “hobby” no solo arrastra a los adultos. Niños y adolescentes están viendo, apostando y aprendiendo que la violencia es entretenimiento y que la vida tiene precio.
La ciencia es clara: la exposición temprana a apuestas aumenta el riesgo de adicción, endeudamiento y violencia en la adultez. Lo que hoy es un juego, mañana puede ser un problema de salud mental.
“Conozco un muchacho tenía una casa, su carro, entonces le cogió el vicio, porque esto es como los gallos, más o menos, como el vicio de los gallos echaron a pelear. Hay muchos que, para otro, y que muchos me disculpen, hay mucho que un deporte; para otro, es como un vicio, que lo echan, lo echan. Y lo que hizo fue que él tenía dinero, apostaba dinero con los bettas, sacó una línea de betta bueno, confiaba en su línea de betta, pero había otra línea más poderosa que la de él. Entonces lo que hizo fue que el dinero que tenía lo apostó, luego el carro lo hipotecó, y luego del carro hipotecó la casa”, señala Lora.
Los peces no solo mueren por la pelea: antes del combate se les somete a ayunos, variaciones de agua, fuego o sal para aumentar su agresividad. Durante el enfrentamiento pierden escamas, carne e incluso órganos, y luego mueren por infecciones.
Los peces sienten dolor
La comunidad científica reconoce desde hace años la existencia de receptores del dolor y memoria del sufrimiento en especies acuáticas.
Dice Lora: “Cuando ellos se van atacando, que se van dando mordidas, se les va pedazo de carne, primero se va la escama, luego la carne. Cuando le dan la mordida, al estar en un agua limpia o contaminada, ahí les produce hongo. Si la herida es muy grande, el betta se va por pedazos”.
La Ley 248-12 de Protección Animal prohíbe todas las peleas de animales, excepto la pelea de gallos, que está regulada por el Estado. Organizar, permitir o participar en peleas de bettas es ilegal y puede conllevar multas y prisión. Pero la ley solo sirve si se aplica.
Roxanna Reyes, procuradora adjunta y enlace nacional del Ministerio Público en protección animal, dice al respecto: “El asunto de las peleas de los bettas es algo normalizado en la cultura popular dominicana. En los barrios, tú ves niños que tienen envases en frascos de vidrio, de mayonesa, por ejemplo. Es una especie que tiene que estar sola porque es un animal bastante agresivo. Por eso hacen las peleas. Todos los niños normalizan eso, los tienen como mascotas, pero ya. El ponerlos a pelear es una violación a la ley”.
“Hay mucha gente que le pone maltrato animal, por eso es que nosotros los que bregamos con esto nos agarramos de los gallos, porque la gente nos dice ustedes cogen dos bettas en un pote y lo matan, pero entonces, ¿por qué ustedes cogen dos gallos y los ponen a darse puñaladas hasta la muerte?, es lo mismo”, expresa Miguel Romero.
En Puerto Plata, recientemente, una pelea de bettas terminó en discusión, disparos, heridos… y un muerto. Y en Capotillo, también recientemente, una niña recibió un disparo por la espalda, en medio de una violenta discusión por un pleito de bettas. La violencia siempre escala.
Normalizar la crueldad abre la puerta a la violencia humana, y eso no es teoría: está documentado por psicología, criminología y por el propio Ministerio Público.
“Es evidente que una persona que le hace esto a un animal no importa de qué tipo, pues está a una mano de pintura de agredir a una persona física o de maltratarla, o hasta matarla”, declara Roxanna Reyes.
Las peleas de bettas no son tradición, ni deporte, ni inocencia: son maltrato, ilegalidad y aprendizaje de violencia. Y mientras los adultos apuestan, los niños aprenden que la vida es un espectáculo y que todo ser vivo es desechable. La ley existe. Pero si no se hace cumplir, todos terminamos siendo cómplices




